Un buen día, el acompañante anunció a su familia que mi blog estaba anunciado en el reforma. Yo había enviado mi blog, por no dejar. Al igual que la mayoría de blogueros, si escribimos y lo colocamos en internet de forma pública, ha de ser que pretendemos que alguien más aparte de nosotros lo lea. Vanidades que hay. Y la publicidad gratuita difícilmente se rechaza, tal vez, alguien que lea ese periódico en lejanas tierras visite mi blog, esa era la esperanza.
Pero, esa publicidad, me salió contraproducente. A partir de ahí, supe que mi vida demasiado ego, era revisada por personas cercanas, que no necesariamente verían con buenos ojos que revele detalles que les atañen. Entonces decidí no tener familia.
Porque me importan, aunque en ocasiones es inevitable hacer referencias, me olvidé de sus nombres, borré de otros sitios sus fotos, y así, me siento un poco más libre. Tal vez me lean, no creo que estén con la actualización, pero aunque así fuera, lo de aquí es puro show, y muchas de las historias son ficticias.
Lo mismo pasó con algunas otras personas, cajum, pretendientes y antigüos acompañantes de cuyas historias aunque las hay muy buenas, pues no podré jamás poner sus nombres y dudo que si un día relato sobre lo vivido, de la pura pena, no podrán decir que me refiero a ellos.
Hace una semana, platicaba con mi mejor amiga de todos los tiempos. Tenía un pequeño, muy pequeño sentimiento de culpa, porque hacía varios meses que no le había llamado por teléfono, aunque le pienso a menudo, o me ría sola cuando recuerdo cosas que hemos pasado, o sus frases. Es ingeniosa e inteligente, no en balde es mi amiga. Pero cuando le confesé que mi llamada obedecía a que no quería dejar pasar un día más, bajo riesgo de que olvidara hasta su nombre, ella me respondió, que de mí estaba al tanto, porque leía mi blog desde su iphone. Entonces todo cambió. Ahora le reclamo el ¿por qué no comenta? ¡caray!. Yo que me medio desnudo en historias ficticias... ya no hay moral. Me la reviraron cuando aclaró que sabe el complemento cruento de algunas de las historias. ¡Uy!.
O de repente, mi madre me dijo que necesitaba la receta de galletas de avena, pero se acordó que suelo poner recetas en la red y la buscó. Así me halló. ¡Ay amá!.
Una navidad, mi padre tenía impreso un post. El del pan de yema. Mismo que fue leído por la autora de viva voz ante todos los presentes. En esa reunión familiar, recibí el aplauso, también las críticas porque una tía dijo que pudo haberlo escrito mejor (que se haga su blog), y no lo dudo. Pero a pesar de la verguenza de sentirme descubierta, también me sentía orgullosa, lo que yo anoté les hizo recordar, sentir la nostalgia de tiempos vividos, y más de uno soltó la lágrima porque era un retrato escrito de lo que para muchos de nosotros significa mi abuelo y su ausencia.
Aquí en este blog, no anoto todo lo que pienso ni lo que vivo, es tan solo por diversión, tengo otros blogs, aunque este es el más concurrido, por mí y por los lectores que soportan mis textos. Río cuando escribo, y no me siento loca de atar, me entretiene hacerlo, y me divierte leer, cuando comentan, así siento que lo tengo todo. A través de puras letras, las ideas propias se van y regresan con las vivencias u opiniones de otros. Deja de ser un ejercicio solitario, y se vuelve la pura pachanga.
Así que a pesar de la censura autoimpuesta, porque es más fácil escribir para gente desconocida que para los propios... AMO escribir en mi blog.
p.s. Finalmente me decidí a usar la opción para programar la publicación de las entradas, no sé si eso será mejor o peor para ustedes, pero al menos por ahora amenazo con ir escribiendo sin saturar, cajum, como si escribiera a cada rato, jaja pero muchas veces, quiero postear 2-3 cosas en el mismo día y por ahí leí que eso ahuyenta a los lectores, porque les da flojera comentar, no vaya siendo, mejor se los dosifico, al menos cuido a mis 5 fieles seguidores.
p.s.2 Este es el segundo programado, el primero chafeó (el post del casting, lo escribí desde el viernes) y tuve que actualizarlo a mano propia, porque nunca funcionó.
Pero, esa publicidad, me salió contraproducente. A partir de ahí, supe que mi vida demasiado ego, era revisada por personas cercanas, que no necesariamente verían con buenos ojos que revele detalles que les atañen. Entonces decidí no tener familia.
Porque me importan, aunque en ocasiones es inevitable hacer referencias, me olvidé de sus nombres, borré de otros sitios sus fotos, y así, me siento un poco más libre. Tal vez me lean, no creo que estén con la actualización, pero aunque así fuera, lo de aquí es puro show, y muchas de las historias son ficticias.
Lo mismo pasó con algunas otras personas, cajum, pretendientes y antigüos acompañantes de cuyas historias aunque las hay muy buenas, pues no podré jamás poner sus nombres y dudo que si un día relato sobre lo vivido, de la pura pena, no podrán decir que me refiero a ellos.
Hace una semana, platicaba con mi mejor amiga de todos los tiempos. Tenía un pequeño, muy pequeño sentimiento de culpa, porque hacía varios meses que no le había llamado por teléfono, aunque le pienso a menudo, o me ría sola cuando recuerdo cosas que hemos pasado, o sus frases. Es ingeniosa e inteligente, no en balde es mi amiga. Pero cuando le confesé que mi llamada obedecía a que no quería dejar pasar un día más, bajo riesgo de que olvidara hasta su nombre, ella me respondió, que de mí estaba al tanto, porque leía mi blog desde su iphone. Entonces todo cambió. Ahora le reclamo el ¿por qué no comenta? ¡caray!. Yo que me medio desnudo en historias ficticias... ya no hay moral. Me la reviraron cuando aclaró que sabe el complemento cruento de algunas de las historias. ¡Uy!.
O de repente, mi madre me dijo que necesitaba la receta de galletas de avena, pero se acordó que suelo poner recetas en la red y la buscó. Así me halló. ¡Ay amá!.
Una navidad, mi padre tenía impreso un post. El del pan de yema. Mismo que fue leído por la autora de viva voz ante todos los presentes. En esa reunión familiar, recibí el aplauso, también las críticas porque una tía dijo que pudo haberlo escrito mejor (que se haga su blog), y no lo dudo. Pero a pesar de la verguenza de sentirme descubierta, también me sentía orgullosa, lo que yo anoté les hizo recordar, sentir la nostalgia de tiempos vividos, y más de uno soltó la lágrima porque era un retrato escrito de lo que para muchos de nosotros significa mi abuelo y su ausencia.
Aquí en este blog, no anoto todo lo que pienso ni lo que vivo, es tan solo por diversión, tengo otros blogs, aunque este es el más concurrido, por mí y por los lectores que soportan mis textos. Río cuando escribo, y no me siento loca de atar, me entretiene hacerlo, y me divierte leer, cuando comentan, así siento que lo tengo todo. A través de puras letras, las ideas propias se van y regresan con las vivencias u opiniones de otros. Deja de ser un ejercicio solitario, y se vuelve la pura pachanga.
Así que a pesar de la censura autoimpuesta, porque es más fácil escribir para gente desconocida que para los propios... AMO escribir en mi blog.
p.s. Finalmente me decidí a usar la opción para programar la publicación de las entradas, no sé si eso será mejor o peor para ustedes, pero al menos por ahora amenazo con ir escribiendo sin saturar, cajum, como si escribiera a cada rato, jaja pero muchas veces, quiero postear 2-3 cosas en el mismo día y por ahí leí que eso ahuyenta a los lectores, porque les da flojera comentar, no vaya siendo, mejor se los dosifico, al menos cuido a mis 5 fieles seguidores.
p.s.2 Este es el segundo programado, el primero chafeó (el post del casting, lo escribí desde el viernes) y tuve que actualizarlo a mano propia, porque nunca funcionó.


