lunes 30 de agosto de 2010

El arte de Japear

Me refiero a un comportamiento habitual, en muchas de las personas, diría casi todos los que conozco, quienes en distinta intensidad caen en lo vulgarmente conocido como una chaqueta mental.

No se trata simplemente de hacer grupos entre pesimistas y optimistas. De hecho, el pensar que todo irá mal, es hasta optimista. El pensar que todo irá bien, se llama inocencia y en algunos lados hasta con palabras más feas.

Ante cualquier situación es recomendable contemplar las distintas opciones, es una manera de anticipar las siguientes jugadas. Solo que la línea divisoria es muy sutil, entre prever escenarios posibles y entorpecer cualquier escenario con pensamientos improductivos y chaqueteros.

Hace muchos años, hubo un singular personaje, digno de mencionar. Quién hizo un drama, luego de un comentario mío acerca de cortar antes de que fuera más largo... mi cabello. Pero en alguna parte se perdió, que atribuyó el corte a su persona y finas atenciones. Luego del numerito que hizo, y una vez aclarado el punto, corregí: entonces esa tarde me corté el cabello y de paso la relación incipiente. Todo iba bien hasta que enloqueció.


Por razones obvias, evito el nombre, pero no el mote con el que le conocíamos mis amigos y yo. El Jap. Que en adelante fue mejor conocido por prestar su nombre al verbo japear.

Japear. Acción que realiza un individuo, convirtiendo pocos e incompletos datos en pensamientos improductivos, emociones adversas y finalmente toma de decisiones de gente loca.

Así en idioma demasiadoego, cuando alguien japea es que está haciendose una chaqueta mental, y sirve para alertar a quien está siendo víctima de sus propios pensamientos apocalípticos.

Sobre todo en relaciones interpersonales es muy común que ocurra. Incluso le llaman "pensar demasiado", aunque si se pensara bien, simplemente es gastar energía a lo tonto y lejos de ayudarles a anticipar jugadas, nada más se meten el pie solit@s.
Pero no se limita a esos ámbitos, es como digo al inicio, un comportamiento habitual. Así hasta el trabajo, escuela, familia, todo se ve embarrado de chaquetas mentales. Aunque obviamente las más divertidas son las que ocurren en las relaciones de pareja. Divertidísimo para los espectadores.

Así que la próxima vez que le dé por elucubrar sus escenarios apocalípticos, respire hondo, solo sirve si tiene plan B, C... pero si solo se está atormentando, seguramente le está haciendo compañía al Jap en el mundo de las chaquetas mentales.

domingo 29 de agosto de 2010

Perder peso después del parto

3 semanas después de haber parido, y una vez que el doctor me indicó que era momento de retirar las fajas que aprisionaban mis carnes gran parte del día, salvo para bañarme y los 5 minutos en que respiraba la piel; ahora se suma el despido de la vida sedentaria. Amamantar, bañar a la cría y dormir poco, no cuentan como ejercicio.

Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que hice ejercicio, que fue meses antes del embarazo por la circunstancias, y después por los reposos obligados. Ahora hago la suma de los días y veo un cuerpo distinto, con las huellas de la batalla.

El título de este post, es más taquillero que ilustrativo. Esto es un reto personal. No vivo de mi físico, y hace muchos años que pasé ese riesgo. Aparte que para tabledancera no serviría, me mareo fácilmente y una vuelta en un tubo causaría más estragos que beneficios visuales.
Mhh Lin May y otras tantas quedan excluídas del argumento "edad".


Yo lo que quiero es un cuerpo normal. Ya decir eso de recuperar la figura es asumir que no se era regordeta desde antes.
De cualquier forma, si uno queda con kilos y tallas extras, queda el recurso de decir: "pero ya tuve hij@", haciendo la diferencia con las otras gordas que no han gestado. Aunque el tejido adiposo no discrimina.

Entonces la receta mágica que utilizaré es la siguiente:







Comer saludablemente, hacer ejercicio, descansar lo necesario.





Aunque ese último punto ahora es de 2 horas en lapsos de 3 horas cuando me va bien. Lo de comer saludablemente es casi comer lo mismo que siempre solo que poniendo atención a los requerimientos extras que demanda mi lactante, y por otro lado evitar o disminuir lo más posible los alimentos que no se necesitan y sí hacen mucho bulto. El resto es perseverancia.

Ahora el antes y el después. O sea, así empiezo, y ya veré cuando me quedarán esos pantalones pitillo que es la última referencia de tonelaje acostumbrado que tuve, previa al embarazo.

Morbos@s favor de dirigirse a ésta ventanilla. Tampoco se entusiasmen demasiado, lo único que hay es mi fotito mostrando mi abdomen de cangura. Gordas del mundo, ¡disfrútenme!, que es por corta temporada.

Por ahora el ejercicio se reduce a caminata, de poquito a más y luego incrementar paulatinamente el tiempo de duración, intensidad, y el tipo de ejercicios para fortalecer mis músculos. Desde hace muchos meses mi hermano me mostró un video, y lo guardé para cuando se requiriera. Espero el momento en que ya esté instalada en una rutina como la de dicho video, ehhh aunque haga 3 repeticiones de cada ejercicio.

jueves 26 de agosto de 2010

Desde el búnker II

Mientras mi amita duerme, aposentada en su minicuna, dirige el transitar del búnker. No diré que es increíble, porque es bastante posible y común. Como alguien tan pequeñita, con esa dependencia total, trastorna el movimiento habitual de tremendos mastodontes.
Ayer comí, que ya es ganancia, cuando ya casi era merienda. Mis anteriores y suculentos platillos que podían llevar hasta 2 días en su preparación, se transformaron en un degluta tan rápido como pueda, ahora que puede. Así, en un abrir y cerrar de tuppers, aventé literalmente su contenido en un plato, mezclado todo, y un minuto en el microondas, un vaso de jugo y de vuelta a recibir órdenes.
Me está retando. Todo iba muy a gusto hasta que empezaron a salir detallitos que hacen de los cuidados un esfuerzo extra. También hay algo cierto, no son lo mismo 20's que 30's. Así, la amita, tiene lacaya con menos fuerza que antes, pero apelo a mi resistencia física, y a la bola de mañas para salir avante. Lo de menos es usar más corrector para las ojeras.

Pero hay más vida afuera. Escucho algunas noticias por el radio, ahí siguen las borucas de siempre, aunque con más balazos. Ante este encierro, a unos cuantos clicks todavía tengo un cable para recibir información distinta, no todo son pañales en el mundo. Gracias internet, qué bueno que existe, aunque de cuando en cuando reviso cosas qué comprarle a la pequeña. Para no perder la costumbre de irme de compras, aunque sea de forma virtual. Sigo jugando bejeweled en fb pero por una temporada me olvidaré de mejorar mis puntuaciones con tan pocos intentos. A los blogs amigos les leo, poco comento. Nunca había estado encerrada tanto tiempo, y al menos hoy que viene del mundo exterior mi asistente, podré platicar con otra persona en el transcurso del día. Que me cuente si todavía la gente camina por las calles.

En otros enjuagues, nos alistamos para celebrar las fiestas bicentenarias. Que dada la proximidad con mi cumpleaños serán absorbidas por la festejada, como cada año. De los preparativos no se hubieran molestado, aunque la organizada es como de costumbre, un reverendo despapaye. El 18 de septiembre se recibiran abrazos y buenos deseos, procuren hacer fila desde temprano ya para la noche no respondo si les toco muy magullada.

viernes 13 de agosto de 2010

El beso



Lo más emocionante de todo el evento, es éste beso, que para mí fue un manual al vapor de cómo reconocerse en segundos. Tú eres tú y yo soy yo. Entendido y anotado, nos vemos a la salida, o mejor dicho en nuestra habitación.

Para quienes nunca han pasado por unos tequilas anestésicos, yo que ya llevo una que otra herida de guerra, el área de "recuperación" es la más desesperante, al menos para mí. Y en esta ocasión, ni sentía las piernas, o mejor dicho, ahí estaban, les mandaba la señal para moverlas y mal ejecutaban la orden. Así con todo y pies de trapo me urgía irme a ver a la recién llegada.

Parece que una de recién parida queda en estado lamentable, como atropellada dijera el vulgo. Físicamente y sobre todo emocionalmente es muy desgastante, pero apenas ve uno a su retoño, es como volver a tener 18 primaveras, no hay panza charrasqueada que una sienta ni lamente, y así ha sido las siguientes noches, apenas un gemido, o la falta de ruido, y una pega el brinco al pie de la cuna. Si algo me dolía ni me acuerdo en esos momentos.

Todo es bello. Salvo el segundo día. Jamás me imaginé verme como sapo, ni los tacos ni cervezas tienen tanto efecto como unas cuantas soluciones intravenosas y una hinchazón por todo el cuerpo que sepa la bola. Afortunadamente se quita, aunque mi hermana me preguntó si ya se me quedaría el pescuezo así de hinchado, hasta ese momento me ví al espejo y aghhhh, me quedó la misma duda.
No, parece que todo volverá a la normalidad, con el paso de los días, mientras agarro golpe en la cambiadera de pañales y con esas desveladitas, pero sobre todo con la transformación de mujer a fábrica de licuados, me siento distinta a ese segundo día, renovada, más ágil, y presta para atender a mi amita.

Se lo ganó desde el primer beso.

miércoles 11 de agosto de 2010

Hora de llegada

Con maleta en mano, seguí las indicaciones que me daban, aunque parecía que todo lo tenía ensayado. Durante los meses previos había repasado esas escenas una y otra vez en mi imaginación, qué llevar, a donde llegar, qué hacer, y tan solo formaban parte de un trámite más.
Aún antes de salir de casa, tuve una última charla hacia mi interior, chequé su frecuencia cardiaca y un te veo más al rato, como una promesa. Después el pequeño capricho anticipado, yo llegaría con el cabello alaciado y evitarle la verguenza en su primer flashazo, lo cual cumplí a cabalidad, aunque ya no estoy tan segura del resultado.

Así que ahí estaba, como en un aeropuerto extraño, con olor a alcohol y gasas, un lugar bastante familiar pero en otro rol. Ya del pudor mejor ni hablamos, ese se queda en la puerta. Luego de la preparación, me ingresaron a la sala indicada. Mi acompañante enfundado en su traje de carácter, ya ni para echarse para atrás y estaba ahí, con cámara en mano y procurando no tocar nada que fuera de color azul. Al menos se acordó del botón on/off, estando en un ambiente tan extraño para él y viendo que charlo con la incoherencia habitual aún con la panza rajada. Sobrevivió a su experiencia extreme. Lo tomaré como regalo de cumpleaños adelantado.

Cuando escuché el aspirador supe que era inminente la llegada, en 5, 4, 3, 2, 1 y ahí estaba. Ese momento cero ha sido el más largo de toda mi vida, donde la alegría y el pavor se mezclan, la esperanza de toda una vida y el miedo a la locura si no lograba cruzar ese paso, pequeño y vital.
Todo pasó tan rápido y favorablemente. El siguiente momento que ni el Azlheimer podrá borrar es su primer beso. Imposible de olvidar. Pasaron 38 semanas 4 días para ese momento, el resto del tiempo solo fue burocracia que hasta en estos asuntos hay.

De ese día para acá, me paso muchas horas contemplándole, entre mis nuevas labores de madre está la de alimentarla y la chamaca no perdona ni una gota, ay de mí si desperdicio algo, me la cobran a la mala. Solo que sarna con gusto no pica, y todo lo que tengo es el resultado de todo lo que le busqué, así que remedando a una cadena facebookera que habla sobre las madres que cambiaron rimel por ojeras, yo diré, para empezar ya las ojeras las traía desde antes, el rímel me lo sigo ocupando solo que ahora, el corrector me lo pongo con mayor rapidez. La maternidad es un estado que no toda mujer desea, ni debe desear como un rol por cumplir o como una tarea forzosa, aparte que ya está visto que no solo con desearlo es suficiente. Por lo pronto, mientras los pellejos regresan a su sitio original, nada ni nadie me quita la sonrisa de felicidad que tengo. Mi acompañantita, y su augusto padre, con su sola presencia me hacen pensar que todo es fácil de resolver, no hay pañal que me amedrente, ni baño que me acalambre. Este viaje bien ha valido la pena.

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