
¿Y sí sabes?
Con esa pregunta me recibió el acompañante. Incredulidad y poca fe.
Mientras tanto yo sacaba la máquina de coser de su envoltorio, un regalo que le hizo mi madre a mi hija, pero que usaré mientras ella tenga la edad suficiente para hacerlo de forma segura. Supongo que también necesitará interesarse en ocuparla.
Así, durante unos días, saco mi puesto en la mesa del comedor, hago mis trazos y corto sobre el mantel. Tal vez algun día me quede con una bonita figura de patchwork involuntario., y con un agujero enmedio del mantel. Pero eso es mejor que dañar la madera. Afortunadamente hasta ahora no ha pasado nada lamentable.
Lo que hago son cosas sencillas y prueba-error. Alguna vez tomé una clase de costura en mi tierna juventud. Lo único recuerdo es que nos ponían a trazar con las reglas pero en sí no le ví futuro, a como íbamos supuse que pasaría un año trazando patrones imaginarios, como para que al fin pudieran ponernos a hacer un cojín o algo así de complicado.
Así que me fui por la libre. Desde entonces, a veces compro un patrón, sigo fielmente las instrucciones y hago correcciones cuando ya hice las pruebas. Me he forjado una tenacidad a punta de fallos. Otras pues me inspiro y doy de tijeretazos.
A veces, o la muchas de las veces yo creo que se ha de estar con un cable medio pelón en el coco. Algun neuronaje que no capta la señal de cansancio, de ya mejor déjalo así, cómpratelo hecho.
Entonces el resto de esclavos solo siguen la órden inicial hasta que consiguen, no medianamente, es CONSIGUEN lo que se les pidió.
Un día me desperté con la idea de hacerme un abrigo. Tan pronto me incorporé de la cama, me fijé en el reloj de la sala que tuviera la hora necesaria para encontrar las tiendas de telas abiertas. Mucho tiempo no he usado reloj, y el que traigo lo uso porque me lo regalaron, aunque luego se me olvida voluntariamente usarlo. De por sí soy un pelín obsesiva, así que no me gusta sentirme como el conejo de Alicia.
Dicho y hecho, me fui a pasear entre los rollos de telas, escogí la que convenía a mis intereses, llegué a montar el numerito a medio comedor, trazos con gis, puse en prácticas las clases de tijeritas I, II y III; y todo el día yendo y viniendo, aprendí el valor del pespunte, planchaba, medía, veía una y otra vez, hasta que todas las piezas y forro quedaron exactos. Al punto que tocó mi amiga para irnos a tomar un café al centro, yo iba saliendo de mi recámara, bañada y perfumada, lista para lucir mi abrigo nuevo. Salidito de la máquina de coser.
Solo así hago las cosas, tienen que servir para algo en el menor tiempo posible. Si me dijeran en un mes harás tal prenda, seguramente no me inspiraría, hasta el último par de días.
Supongo que más adelante tal vez tome algunas clases para ciertas técnicas, y si encuentro a la persona adecuada, que no me entretenga en cosas sin importancia del trazado del cuello que nunca haré. Lo mío es trabajar sobre proyecto, bien leyendo el manual en el capítulo específico de la puntada que requiero, o buscando por aquí y allá la técnica que mejor me cuadre para conseguir lo que deseo.
Tengo grandes planes para hacerle a Rebeca, por ahora estoy maquinando su colchoneta de estimulación. Tengo una colchoneta heredada del acompañante, que no le encuentro más uso que esa. Ya tengo la imagen (mental), solo estoy juntando mis retazos de tela y distintas texturas para seguir la imagen original. Cuando retache de mis vacaciones en Oaxaca empezaré a poner manos a la obra.
Hoy, sigo en la hechura de baberos y toallitas para babas, que son los artículos con más uso en estos días, y se pierden con una facilidad en la guardería. Había contemplado la opción de las pegatinas, pero sinceramente, para una toallita, prefiero hacerle un parche distintivo con todos los retazos que tengo a la mano.
Si alguien está en las mismas circunstancias, en la hechura de baberos, ni se desgasten buscando un patrón para babero, es lo más sencillo del mundo, tomen un babero que ya tengan, y a mano alzada hagan su trazo, yo solo hice el cuello que necesitaba, después tendré que modificar el tamaño por razones obvias, el largo, se lo doy de acuerdo a como se me antoje. Los primeros que hice, sufrieron daños en la lavada, así que a los segundos les hice un refuerzo previo a la colocada del bies, y asunto solucionado. Ahora, está bien que uno tenga desarrollada el área cerebral que permita cálculo de espacios y dimensiones, pero para coser, ayúdense de los alfileres, luego las telas son traicioneras y con el movimiento les da por desplazarse caprichosamente. Al menos para mí, el hilvanado me da flojera pero de cuando en cuando, no solo sujeta telas sino también las ideas.