Despues de tanto descansar, me invitaron a regresar al trabajo. Muy motivada, por la caída estrepitosa que tuvo mi cuenta bancaria, me encontré trabajando como si nunca me hubiera ido.
Aunque ya la mala costumbre me hace sentir que disfruto trabajar mucho. Me dieron gusto.
El único detalle que complica ahora la logística es coordinar los horarios de la acompañantita. Así a las 5 de la mañana pongo cara de mona lisa alimentándole, tratando de distraerme en algo antes de caer de sueño junto a ella, o encima de ella, lo cual sería mucho peor. Así diariamente despierto con esa sensación de que hacía unos cuantos minutos había cerrado los ojos, ¿a qué hora me movieron el reloj?.
¡Ahh todas mis farras y desvelos al fin rinden frutos!, como quien dice, solo pienso que más cansada estaría de haber salido a un antro o reunión, y encima me he ahorrado lo de unos quesos con vino.
¡A todo dar!, con la salvedad de que me están llevando de "fiesta" diario.
Trasnochada y con más corrector de ojeras, pero con el ánimo rejuvenecido, así llego al trabajo, cargando mis triques, previo encargo de mi pequeña en la guardería.
Hoy, aparte de desvelada, solo traía un té en la barriga y ya era el medio día. Lo cual es sumamente grave para mi neuronaje, las tripas solo chillan en sistema dolby stereo. Resignada a una torta de jamón, providencialmente dí con un restaurancito antes de la tiendita de la esquina.
No le había visto antes de mi partida hace más de 2 meses.
He ahí las sorpresas, agradables del día, el concepto de comida para llevar o comer ahí mismo, atendida por nutrióloga. Así que pedí un desayuno con huevos al gusto, mío y el de ellos. Una especie de huevos rancheros, pero frito solo era el huevo, el resto sin grasa, mi jugo tamaño ración decente, un vaso chiquito (aunque yo de buena gana habría pedido un litro como en los carritos de las esquinas), y café. Los precios me parecieron justos, y me sorprendieron con el agregado de jamón adornando mi plato.
Me pareció muy bueno el concepto, vaya, no es un menú personalizado, tampoco son adivinos y para ello hay que acudir a una revisión, pero me doy por bien servida porque no me han atiborrado de carbohidratos y grasas.
Ojalá hubiera más restaurancillos así alrededor de las oficinas.
No vaya a ser como cuando iba a la recién centenaria UNAM, donde algunas de sus secres, desayunaban de 10 a 11 su plato de fruta. Una especie de bandeja de unisel con 1 kilo de fruta y 1 litro de yogurt, con media bolsa de granola. Después de eso, la torta, y un café con splenda o sin azúcar, por aquello de la dieta.
Por lo pronto, ya encontré donde ir a saciar mi hambre feroz, sin sentir que le agrego demasiada energía a mis reservas adiposas.
Y un día, de estos, estrenaré mi ponchipaquete de dvd de pilates, que no será hoy. ¿Contarán las caminatas que hago mientras arrullo a la peque? y los bíceps que se me están fortaleciendo de cargar el portabebé y carriola, pañalera, bolsa, lap, y una cobijita extra, paraguas, cangurera... y si me apuran todavía sostengo el chupón en el dedo chiquito, por si en el camino se enfada la amita.
Llegó la hora de trabajar, de a deveras.
Aunque ya la mala costumbre me hace sentir que disfruto trabajar mucho. Me dieron gusto.
El único detalle que complica ahora la logística es coordinar los horarios de la acompañantita. Así a las 5 de la mañana pongo cara de mona lisa alimentándole, tratando de distraerme en algo antes de caer de sueño junto a ella, o encima de ella, lo cual sería mucho peor. Así diariamente despierto con esa sensación de que hacía unos cuantos minutos había cerrado los ojos, ¿a qué hora me movieron el reloj?.
¡Ahh todas mis farras y desvelos al fin rinden frutos!, como quien dice, solo pienso que más cansada estaría de haber salido a un antro o reunión, y encima me he ahorrado lo de unos quesos con vino.
¡A todo dar!, con la salvedad de que me están llevando de "fiesta" diario.
Trasnochada y con más corrector de ojeras, pero con el ánimo rejuvenecido, así llego al trabajo, cargando mis triques, previo encargo de mi pequeña en la guardería.
Hoy, aparte de desvelada, solo traía un té en la barriga y ya era el medio día. Lo cual es sumamente grave para mi neuronaje, las tripas solo chillan en sistema dolby stereo. Resignada a una torta de jamón, providencialmente dí con un restaurancito antes de la tiendita de la esquina.
No le había visto antes de mi partida hace más de 2 meses.
He ahí las sorpresas, agradables del día, el concepto de comida para llevar o comer ahí mismo, atendida por nutrióloga. Así que pedí un desayuno con huevos al gusto, mío y el de ellos. Una especie de huevos rancheros, pero frito solo era el huevo, el resto sin grasa, mi jugo tamaño ración decente, un vaso chiquito (aunque yo de buena gana habría pedido un litro como en los carritos de las esquinas), y café. Los precios me parecieron justos, y me sorprendieron con el agregado de jamón adornando mi plato.
Me pareció muy bueno el concepto, vaya, no es un menú personalizado, tampoco son adivinos y para ello hay que acudir a una revisión, pero me doy por bien servida porque no me han atiborrado de carbohidratos y grasas.
Ojalá hubiera más restaurancillos así alrededor de las oficinas.
No vaya a ser como cuando iba a la recién centenaria UNAM, donde algunas de sus secres, desayunaban de 10 a 11 su plato de fruta. Una especie de bandeja de unisel con 1 kilo de fruta y 1 litro de yogurt, con media bolsa de granola. Después de eso, la torta, y un café con splenda o sin azúcar, por aquello de la dieta.
Por lo pronto, ya encontré donde ir a saciar mi hambre feroz, sin sentir que le agrego demasiada energía a mis reservas adiposas.
Y un día, de estos, estrenaré mi ponchipaquete de dvd de pilates, que no será hoy. ¿Contarán las caminatas que hago mientras arrullo a la peque? y los bíceps que se me están fortaleciendo de cargar el portabebé y carriola, pañalera, bolsa, lap, y una cobijita extra, paraguas, cangurera... y si me apuran todavía sostengo el chupón en el dedo chiquito, por si en el camino se enfada la amita.
Llegó la hora de trabajar, de a deveras.
