sábado, 13 de junio de 2015

La cuarta


Después de 4 semanas de haber iniciado estos nuevos pasos galopantes, puedo decir que me siento bien, físicamente agradezco que mi cuerpo sea tan generoso como noble. Ningún día me he agotado ni llegado al límite. Tampoco puedo decir que ha estado fácil. Se requiere esfuerzo, sin duda, no tengo prisa, y pocas cosas se comparan a la satisfacción de sentirse bien con uno mismo, a pesar de uno mismo.

Hoy también, fue mi primera clase de Bikram. Por diversas razones se había pospuesto éste inicio. Pero he sentido que me ha funcionado el coco wash que ni Tony Kamo lo habría hecho mejor. Había practicado ocasionalmente yoga, por cortas temporadas. La mayor parte de las veces mis compañeras eran mucho más grandes que yo, digamos arriba de 60-70 años, y siempre les vi con respeto, no solo por sus venerables canas, sino por la flexibilidad que mostraban y que por mucho me superaban. Pero me sucedía, que saliendo de cada clase, lo único que quería era dormir, como nene. Había escuchado sobre el método Bikram y recientemente me puse a leer al respecto, compré la idea. Mi motivación no es bajar de peso, la cual es válida para quienes así lo hacen. Lo que me atrajo es este control y manejo del cuerpo que ví en algunos de sus adeptos. Mi primera experiencia ha sido gratificante, pude sobreponerme a todas mis ideas derrotistas que días y horas antes cruzaron. Ideas multicoloridas. "No sé si aguante el calor" "Haré lo que pueda" "A ver si no me tuerzo" "Emprenda el curso nivel kaliman". Durante el  primer ejercicio, escuchar a la que estaba cerca de mí me impresionó... por un momento pensé que se estaba broncoaspirando, luego me di cuenta de que no pasaba nada malo, aunque tampoco hay necesidad de ser tan estruendoso. En realidad, la temperatura es soportable. Sudé como jamás nunca había imaginado. Ahora mismo, no sé ni cómo le hice para hacer lo que hice. Ciertas posturas son bastante complejas, y tengo el recuerdo vivo de una que nada más no logré. Fuera de eso, el trance mental por el que se atraviesa es bastante curioso, una especie de autohipnosis, Ahora no sé explicarlo bien. Es como mantener la mente en blanco y poder ignorar el mundo exterior y a tu propio cuerpo.

Después, dado que empecé un entrenamiento, hace un rato me dispuse a correr el tiempo que me marcaba el programa. Yo no sé si en realidad podría correr mucho más, pero me alegro por mis pequeños avances. Hace 4 semanas me repetía mientras trataba de mantener un trote, hazlo, aunque tengas que gatear pero no dejes de moverte sigue avanzando solo 20 minutos. Me he dicho y redicho, regañado, burlado, imagino las peores y rebuscadas palabras domingueras durante los primeros dos minutos, pero ningun intento he dejado de escuchar a la voz mandante. En éste punto siento que parezco esquizofrénica, pero uno se habla a sí mismo, por si no se han dado cuenta y tiene muchas formas, es decir uno arma la pachanga ahí adentro del neuronaje como si fueran manifestantes post electorales.
El caso es que ahí va uno como buena bestia, dejando el sudor y alimentándose de sueños. Hoy corrí 40 minutos sin parar y lo creo, me he esforzado para lograrlo.





lunes, 1 de junio de 2015

Dance like a monkey

C'mon pretty baby, won't you take a chance?
Be my natural selection, dance, dance, dance
Exercise your demons with that monkey grin
'Cause we're gonna inherit the wind
-New York Dolls


Debo recordar no usar botas todo el día si pretendo correr por la tarde. Yo no sé que pasa, que todos los achaques derrotistas me han de dar en los minutos previos. Una vez iniciando ya le voy agarrando gusto, después de los primeros diez minutos me motivo a hacer los siguientes diez y el resto es ganancia. Una vez que hice una colección todavía pequeña de canciones que me gustan para cuando se me están agotando las fuerzas, me abandono a mi suerte, dentro de cierto margen, y que el reproductor elija la canción para el arrancón de la tarde. Estaba ya entusiasmada de estar llegando a los 30 minutos a trote amistoso, y por error en el cadencioso ritmo de mis brazos he jalado el cordón de seguridad, parando de repente la caminadora. ¡Se siente horrible!, no solo te cortan la inspiración sino que uno no está preparado para frenar.
Con todo, me puse a bailar como chango y he tomado impulso no solo para dar otro jaloneo, sino que ahora intenté correr más aprisa durante unos segundos más. No es mucho, pero es mejor que ese inicio de hace dos semanas, bufando.



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